Por: Soledad Buendía

En el contexto actual de América Latina, las mujeres enfrentamos desafíos económicos significativos que se han visto exacerbados por crisis económicas y sociales. En este contexto existe la necesidad de formular e implementar una agenda transformadora que avance en la igualdad de género, aproveche las oportunidades existentes y minimice los efectos devastadores de crisis anteriores. Con el objetivo de evitar retrocesos, superar obstáculos y promover el empoderamiento económico de todas las mujeres, ONU Mujeres ha propuesto seis estrategias clave.

Antes de explorar las estrategias, es esencial comprender los tres escenarios principales que describen la situación laboral y económica de las mujeres en la región. Techos de cristal (72% de participación laboral femenina), mujeres con altos niveles de empoderamiento económico e inserción laboral, pero que enfrentan discriminación, segregación ocupacional y brechas salariales de género. Estas mujeres tienen menor carga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

Escaleras Rotas (58% de participación laboral femenina), mujeres con niveles intermedios de empoderamiento económico, ganancias inestables y vulnerables a los cambios. Su participación laboral es volátil y tienen dificultades para conciliar empleo y trabajo doméstico y de cuidados.

Pisos Pegajosos (40% de participación laboral femenina), mujeres con bajo grado de empoderamiento económico, obstáculos estructurales en el acceso al empleo o inserción en trabajos precarios. Estas mujeres enfrentan fecundidad alta y temprana, bajo nivel de educación y alta carga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

La primera estrategia es Reconocer, Reducir y Redistribuir el Trabajo Doméstico y de Cuidados no remunerado. El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado es un bloqueo estructural para el empoderamiento económico de todas las mujeres, aunque el efecto varía según su escenario. Para avanzar en esta área, se deben formular estrategias nacionales de cuidados integrales a través de procesos participativos que incluyan servicios de cuidados de calidad, mejorar los sistemas de cuidados para la primera infancia, combatir la infravaloración del trabajo de cuidados remunerado, reformar las licencias por maternidad y paternidad, e invertir en infraestructura social básica como agua potable, saneamiento y electricidad.

La segunda, implementar políticas que promuevan la igualdad de género en el empleo, tales como la eliminación de la brecha salarial, el acceso equitativo a puestos de liderazgo y la creación de ambientes laborales inclusivos y libres de discriminación. Esto incluye la certificación y formalización del trabajo de cuidados remunerado y la promoción de la participación de las mujeres en sectores económicos tradicionalmente dominados por hombres.

La tercera estrategia resalta que la educación y capacitación son fundamentales para mejorar las oportunidades laborales de las mujeres. Se deben implementar programas de educación continua y capacitación técnica que respondan a las demandas del mercado laboral, así como promover la educación en igualdad de género desde edades tempranas. También es importante garantizar el acceso a la educación para mujeres de todas las edades, especialmente aquellas en escenarios de pisos pegajosos.

La siguiente es que las políticas de conciliación son esenciales para permitir que las mujeres participen plenamente en el mercado laboral sin sacrificar su bienestar personal y familiar. Esto incluye la implementación de horarios laborales flexibles, la promoción del teletrabajo, la ampliación de las licencias por maternidad y paternidad, y el desarrollo de servicios de cuidado infantil accesibles y de calidad.

El emprendimiento es la quinta estrategia que visibiliza una vía efectiva para el empoderamiento económico de las mujeres es crear programas de apoyo para emprendedoras, incluyendo acceso a financiamiento, mentorías, capacitación en gestión empresarial y redes de apoyo. Además, es vital fomentar un entorno que facilite el acceso al mercado y reduzca las barreras administrativas y legales para las emprendedoras.

El fortalecimiento de la organización, la voz y la participación de las mujeres en el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas es la última estrategia. Las mujeres deben estar representadas en todos los niveles de toma de decisiones, tanto en el sector público como en el privado, para asegurar que sus necesidades y perspectivas sean consideradas y abordadas de manera efectiva.

Estas seis estrategias, adaptadas a los contextos nacionales específicos y desarrolladas mediante un diálogo abierto con las organizaciones de la sociedad civil, tienen el potencial de transformar la situación económica de las mujeres en América Latina. Al reconocer y abordar las barreras estructurales que limitan el empoderamiento económico de las mujeres, es posible avanzar hacia una sociedad más equitativa e inclusiva, donde todas las mujeres puedan participar plenamente en el desarrollo económico y social de la región.

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