Personaje de la semana en IDEAL

Isadora Duncan, nacida el 27 de mayo de 1877 en San Francisco, sacudió los cimientos de la danza al alejarse del género clásico. Sin rímel ni maquillaje, cubierta apenas por una túnica, dejó atónitos a espectadores y críticos.

Conmovida por la Revolución Bolchevique, Isadora se trasladó a Moscú donde fundó una nueva escuela y protagonizó la Marcha Eslava, con una coreografía tan vanguardista y rebelde como la gesta de los comunistas soviéticos. 

Isadora no se apertrechó ni en la fama, ni en el dinero ni en los pactos sociales. Al enfrentar al patriarcado con la fuerza y torrente de su cuerpo, de sus pies descalzos que rechazaron las zapatillas puntiagudas, su lucha devino bandera del feminismo radical, izada gracias a su estatura moral de amante sin contratos ni convenciones, a su irrenunciable decisión de estar junto a los desheredados y revolucionarios del mundo. 

En septiembre de 1927 un coche transitaba a alta velocidad por las calles de Niza. De repente, la chalina roja que Isadora anudaba en su cuello se enredó en las ruedas del vehículo, estrangulando y causando la muerte instantánea de aquella mujer que había revolucionado el concepto de la danza y el arte. 

Rubén Darío había escrito en 1903 un artículo sobre la bailarina norteamericana que ahora, al recordar ciento cuarenta y cinco años de su nacimiento, aflora como memoria y tributo: Debo advertir que en nuestros centros latinos y católicos, las danzas de Miss Isadora tienen que parecer perfectamente inmorales: Jóvenes que estáis bailando, al infierno vais marchando.

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